Filósofas en la oficina: Simone de Beauvoir y el feminismo

“Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa”

Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir (París, 1908 – 1986) fue la brillante filósofa que escribió El segundo sexo (1949), una obra compuesta por dos tomos que constituye uno de los clásicos del movimiento feminista. Tanto es así, que el propio libro fue el que convirtió a su autora en feminista.

En el primer tomo, «Los hechos y los mitos», Simone de Beauvoir expone la teoría de la percepción de las mujeres como las otras, categoría universal que ocupan en un mundo en el que son los hombres quienes tienen el poder. La filósofa se apoya en la ciencia, la historia y la mitología para concluir que la subordinación de la mujer es una construcción cultural.

El segundo tomo de El segundo sexo, «La experiencia vivida», está orientado al tratamiento de las etapas de la vida de la mujer desde la infancia hasta la vejez, siempre desde ese rol de otras. Al final de este tomo nos encontramos con la cuarta parte: «Hacia la libertad», en la que la autora nos cita las vías para liberarnos, fundamentalmente: la independencia y la lucha colectiva.

¿Y qué tiene que ver esto con el entorno laboral? Todo.

Simone de Beauvoir en 1949 estaba defendiendo una concepción igualitaria entre mujeres y hombres. Y resulta que la brecha salarial en España en 2017 era/es todavía del 23’25%.
El feminismo es necesario en todos los ámbitos de nuestras vidas, es imprescindible para crear sociedades justas y, por lo tanto, para construir también organizaciones más justas.

*Nota: En este post utilizaré como genérico, indiferentemente, tanto el masculino como el femenino.

Ser feministas -también- en el trabajo

Algunos podrían decir -y dicen- que no necesitamos el feminismo en el trabajo. Pero
a pesar de los esfuerzos de muchos departamentos de recursos humanos, todavía existe el “sexismo benevolente” (diferencias relacionadas con el tratamiento interpersonal) y normas de género en la cultura corporativa con guiones implícitos e incluso inconscientes sobre cómo los hombres y las mujeres deben comportarse.
Lo que no tenemos en la mayoría de las organizaciones son lugares de trabajo donde a las mujeres empleadas se les pague igual que a sus compañeros por el mismo trabajo y, así, que mujeres y hombres puedan trabajar con dignidad y ser tratados con respeto.

Llevar el feminismo a la oficina ayuda a impulsar estos cambios necesarios en nuestras organizaciones para que independientemente de nuestra identidad de género, nuestro rol en la organización, nuestra procedencia o nuestra orientación sexual podamos lograr las mismas recompensas por la misma contribución en el trabajo.

¿Qué aspectos debemos derribar para obtener organizaciones ecuánimes?

· El trato desigual entre mujeres y hombres: especialmente en términos de salarios, ascensos y posiciones de liderazgo. 
· Las expectativas de género sobre cómo debemos comportarnos o quiénes son buenos trabajadores según qué puesto.
· La devaluación y la sobrevaloración de ciertos trabajos, donde la compensación de las empleadas no coincide con el valor del trabajo creado.

¿Cómo podemos contribuir a una organización más justa?

Sea cual sea el trabajo que desempeñamos, podemos emplear el feminismo de diferentes maneras:

· Tratando a nuestras colaboradoras, a nuestros clientes y nuestros proveedores con respeto, buscando relaciones que creen valor para todas.

· Replanteando a quién se contrata y quién es visto como capaz de conseguir un trabajo.

· Cambiando la forma en que comercializamos nuestros productos/servicios,  eliminando el sexismo de nuestras promociones, ofertas de trabajo…

¿Cómo se lidera desde el feminismo?

· Predicar con el ejemplo: los líderes deben hacer todo lo posible por garantizar que todas las personas de su organización se sientan respetadas y valoradas, construyendo espacios diversos e inclusivos.

· Redefinir el éxito y la cultura del trabajo duro: durante mucho tiempo, un buen empleado era aquel dispuesto a sacrificarse por el “bien” de la empresa. Sin embargo, liderar en igualdad implica un trabajo sostenible, con personas que tienen control sobre sus horarios y que pueden conciliar el trabajo con su vida personal. Las organizaciones del futuro necesitan fomentar una cultura de trabajo en la que las necesidades de las personas se consideran tan importantes como los objetivos de la organización.

· Compartir el reconocimiento y empoderar a los equipos: la cultura patriarcal apoya el liderazgo solitario y la competitividad en la que solo puede ganar uno. El liderazgo feminista es participativo, inclusivo y horizontal (o netárquico). Una buena líder, promueve la ayuda mutua para compartir conocimientos y habilidades por el bien común.

Pero ojo, no se trata de ser paternalistas ni de dar una palmadita en la espalda a las mujeres, se trata, resumiéndolo demasiado, de no poner obstáculos en el desarrollo profesional a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. En definitiva, se trata de fomentar lugares de trabajo donde todas se sientan valoradas, realizadas y visibles.

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