Escritores en la oficina: Stendhal y el arte de ser feliz con tu trabajo

Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decir. Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme.

Roma, Nápoles y Florencia (Stendhal)

Stendhal (1783 – 1842), seudónimo de Henri Beyle, fue un brillante escritor francés. Si no habéis leído nada de él, podéis dejar este post y buscar inmediatamente Rojo y Negro o La Cartuja de Parma.

La cita es un fragmento de su diario de viaje Roma, Nápoles y Florencia (1817) en la que Stendhal plasmó su visita a la Basilica di Santa Croce de Florencia. Esas líneas dieron lugar al Síndrome de Stendhal: una situación anímica que se produce al observar obras de gran belleza y cuyos síntomas son taquicardia, mareos, desvanecimientos, falta de aire… casi como mezclar Cola Cola con Mentos.

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Sin necesidad de que te quedes moñeco cada vez que flipas con algo, seguro que tú también te has encontrado ante una expresión artística que te ha abrazado fuerte las entrañas: una canción, un cuadro, un libro… incluso si ampliamos un poco más el círculo, ¿cuántas veces has sentido un cosquilleo brutal al conocer a una persona magnética, al probar un plato nuevo o al ver el resultado de un trabajo bien hecho? Imagínate sentir una sensación parecida a la de Stendhal gracias a tu trabajo*, gracias a que te encante y a que te esfuerzas por hacerlo genial. Sería increíble, ¿verdad? Nunca todos los medios están en nuestra mano pero ¿qué podemos poner de nuestra parte para que nos encante aquello a lo que estamos dedicando la mayor parte de nuestro tiempo?

*Con trabajo no me estoy refiriendo únicamente al laboral, sino a aquello en lo que invertimos la mayor parte de nuestra energía: la búsqueda de empleo, los estudios, el activismo/voluntariado…

1 ¿Qué te gusta hacer?

¿En qué momentos eres más productivx o te sientas mucho más comprometidx con tu trabajo? ¿Con qué proyectos entras en la famosa Zona? Céntrate en esas tareas que te hacen estar más focalizadx y con mayor motivación. Existe una correlación entre aquello en lo que somos buenos y lo que nos hace felices

Lo negativo repercute en nuestro cerebro durante más tiempo que lo positivo -¡maldito cortisol!- pero en nuestra mano está concentrarnos en lo que nos hace despertar a la oxitocina todas las veces que haga falta.

2 Pasa a la acción

A lo mejor esto te sorprende, así que léelo deeespaaacito (¡no cantes! ¡no cantes!): quedarte sentadx lamentándote no ayuda mucho. A veces nos acostumbramos a estar incómodos, pero las cosas no cambian a mejor por mucho que lo esperes, las cambias tú.

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Menudo descubrimiento ¿eh?

Centrarse en lo negativo puede crear un círculo vicioso. La clave para no agobiarte y avanzar es planear pequeñas acciones que te lleven a cumplir tus objetivos.

3 Rodéate de personas (apasionadas)

Las personas nos aportan ideas diferentes y conexiones diferentes que nos ayudan a avanzar. Si además son apasionadas, haces que el camino sea mucho más divertido. La pasión suele ser contagiosa, así que acércate siempre que puedas a la gente a la que le estuasiasme lo que hace y que se interese por lo que tú haces, siempre podrán ayudarte a afrontar nuevos retos con más entusiasmo y pasión.

No hace falta que sean tan intensitas como los Teletubbies, basta con que crean en ti; las personas dispuestas a seguir de cerca tus proyectos suelen ayudar  -consciente o inconscientemente- aportando su punto de vista y abriéndonos la perspectiva más allá de nuestra propia visión. Nuestras relaciones personales tienen un efecto brutal en cómo percibimos nuestro alrededor.

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4 Redefine tu rol

No siempre la solución es dejar tu organización para conseguir un trabajo en el que te sientas más realizadx. Puedes ofrecerte voluntarix para asumir un nuevo proyecto que te abra horizontes más allá de tus tareas habituales. Trata de empezar a hacer el trabajo que quieres en la empresa en la que ya estás, en pequeños pasos -que pueden ser pequeñas tareas- y demostrando que tienes las competencias adecuadas para hacerlo.

Si no puedes hacer estos cambios por tu cuenta, acércate a tu jefx y hazle saber que buscas otros retos que se ajusten más a tu talento, debería encantarle descubrir que tiene talento oculto en su equipo.

5 Celebra tus logros

Tener una lista con tareas u objetivos pendientes es fundamental. Y también lo es una lista con todas las cosas que has logrado. Puedes poner en ella que has conseguido cuatro nuevos clientes, que has hecho una entrevista de trabajo o que has corrido 2 km más. Elaborar una lista de logros te ayudará a valorarte y a apreciar las cosas que has conseguidoAdemás, revisar tus logros también te ayudará a identificar en qué podrías mejorar.
Nunca está de más un impulso.

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Ahora ya tienes tu kit básico para flipártelo por todo lo alto, ¿por qué no hacer que cada día haya un motivo para sentir cosquillitas?

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